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Necesitan oxígeno



9 de julio de 2010

Resignación

Me duele el corazón de tanto usarlo. Está alterado, desubicado y muerto de frío. Reniega de estufas artificiales o insuficientes; se trata del todo o nada. Es positivo, pero está aterrado; lucha, pero busca la tregua; ríe, pero en la intimidad se quita la máscara.
Una sensación helada recorre cada noche mi cuerpo. Es polifacética. Se cuela por las rendijas de las persianas, viene de fuera, se desliza por la puerta y se entrelaza entre mis sábanas. Ojalá llevara tu nombre, pero no. Es tímida, discreta y refinada, pero dura y triste como una piedra.
Ahí entra en juego mi impotencia y la resignación del querer y no poder. La acepto, me rindo ante sus haceres e infinidad de lágrimas resurgen de nuevo de entre las supuestas cenizas (teniendo en cuenta que para mí el fuego sigue más encendido que nunca). Es traicionera.
Me duele la cabeza también, los ojos de llorar y las manos de las marcas de fuerza ejercida por mis uñas.

No nos andaremos con rodeos: tengo miedo.

2 comentarios:

òscar dijo...

Amb por es pot viure, però es viu massa malament.
La freda por, l'estiu i la resta de l'any, hauria d'estar de permanents vacances.

Anónimo dijo...

Segur que ja saps que al final tot passa. Fins i tot la por, per més que ens sembli que sorgeix de dins, d'un fons de nosaltres mateixos que ni sabem on és.